Seres malditos: Una incursión al terror extremo
Lo que hicieron, es una de las peores bajezas humanas. Ni siquiera el Marqués de Sade, logró imaginarlas. Escribir al respecto causa escalofrío y espanto. Pero en el país de las mariposas amarillas, la fantasía es realidad, así sea escabrosa.
Personas que son descuatizadas vivas con motosierras o machetes, cortadas en pedazos antes de morir, otras crucificadas a los que les taladran los huesos, lo mismo que arrojados a lagos infestados de cocodrilos, son algunos de los horrores cometidos por las autodefensas o paramilitares.
El descuartizar era algo corriente, el despedazarlos vivos tenía varios motivos: desaparecer la persona física y simbólicamente; era como un ritual de iniciación para los nuevos jóvenes reclutados, buscando insensibilizarlos; un menor esfuerzo para enterrar los cuerpos y finalmente crear terror, espanto y miedo entre sus enemigos y población en general.
Fragmentar el cuerpo ofrece una escena siniestra e innombrable: no se descuartiza el cuerpo inerte, se descuartiza a la persona viva. Es la materialización del horror.
En Putumayo, una provincia colombiana, es una leyenda el Profe, un paramilitar, con tatuajes de santos en los brazos, es el máximo experto en esa clase de tortura. Sus macabras lecciones quedaron plasmadas en fotografías donde muestra toda su sevicia y crueldad.
Según la revista Semana, en un “ campamento paramilitar en Terán, Cundinamarca, donde había una especie de cadalso sobre un gran hormiguero, y rodeado de vasijas con melaza. El comandante paramilitar de la zona aseguró que en ocasiones embadurnaba a sus víctimas con la miel, las encadenaba y dejaba que las hormigas las devoraran. "Tardan dos o tres días en morirse", aseguró.”
De acuerdo a las afirmaciones de varios paramilitares detenidos, dicen que algunas ocasiones, después de descuartizar a sus víctimas, el comandante de la unidad les hacía beber su sangre y comer tirillas de carne del enemigo.
Pero ahí no paran los relatos de horror, en “la crucifixión”, otro método de tortura, se taladra de lado a lado la coyuntura del hombro, luego pasan un alambre para colgar la persona, una vez allí se taladra, poco a poco, todo el cuerpo, menos la lengua para que pueda hablar.
Para los torturadores no existe excusa, son unos seres malditos, execrables, amorales, para los que cualquier pena es pequeña; cualquier excusa social, moral o política no debe ser tenida en cuenta.
Es imposible llegar a contemplar la posibilidad de perdón, el dolor causado es inmenso tanto para sus víctimas directas, familiares y la sociedad en general.
En el colmo del cinismo y de amoralidad, un paramilitar decía (no es textual) “Si Cristo perdonó a quienes lo azotaron, torturaron y crucificaron, por que no nos puede perdonar a nosotros”.
Me quedo atónito y sin palabras.

























Ramsés .... dijo
Eso demuestra, una vez mas, que con los terroristas no se negocia, SE LES ANIQUILA, y nada de amnistias ni perdones.
Por supuesto, tolerancia cero también para con sus simpatizantes.
Los terroristas no merecen tener derechos, porque ellos son los que nunca respetan ningún tipo de derecho, así de claro.
¡¡¡¡STOP TERRORISMO!!!!
7 Abril 2008 | 03:41 PM