Monjas y sexo
Es un tema que siempre llama la atención. El sexo en las religiosas y mucho más entre las que profesan el catolicismo, siempre es mirado como lascivo y con morbo. Es el acercamiento a lo prohibido, a lo debería hacer una monja, las miramos como ellas, como mujeres que son no tuvieran derecho a llevar una vida sexual como cualquier otra.
Por considerar, que es un artículo atractivo y sensual, lo transcribo textualmente:
“TERESA ABRAZA AL CRISTO semidesnudo que aparece en su celda. Besa sus llagas. Dice ser su esposa. Pronuncia frases que dan pie para dobles sentidos: "Tengo temblores de sólo pensar en él (...). Soy mujer entera y dispuesta a ser tomada". Y como si no bastara con eso para dejar en claro el mensaje, el director español Ray Loriga puso a la sensual Paz Vega -protagonista de Lucía y el sexo (2001)- a representar el papel. Sí, el de la mismísima Santa Teresa de Jesús, en la película Teresa, el cuerpo de Cristo, actualmente en cartelera.
No es la primera vez que a la santa y poetisa española del siglo XVI le atribuyen una fuerte carga erótica. Y tampoco es la primera santa que ha sido objeto de una mirada de este talante: de la mexicana sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695) se ha insinuado que tuvo algo más que una amistad con la virreina María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga; a la portuguesa sor Mariana Alcoforado (1640-1723) se atribuye la redacción de las Cartas portuguesas -obra maestra de la literatura erótica-; y de la francesa Santa Teresa de Lisieux (1873-1897) se dice que sus éxtasis místicos eran tan sensuales que incluso, en vísperas de su muerte, una compañera de claustro bebió sus babas ensangrentadas por la tuberculosis. Una escena también llevada al cine, en la película Thérèse, del director galo Alain Cavalier.
La sexualidad de las religiosas siempre ha sido un tema taquillero. Cineastas, literatos, historiadores y hasta profesionales de la salud han desplegado toda suerte de hipótesis sobre sus comportamientos. Una galería que comienza con el onanismo, pasa por el lesbianismo y los orgasmos místicos, y concluye con bestialismo. Porque de todo hay en la viña del Señor.
Buscando consuelo
Sin ir más lejos, alrededor del lesbianismo gira la película colombiana Hábitos sucios (2003), de Carlos Palau, que recrea la historia de la religiosa Leticia López, acusada de asesinar a una compañera en un claustro bogotano en 2000. "Mi teoría -dice Palau- es que la acusaron injustamente porque se oponía a los aquelarres lésbicos que tenían las monjas entre ellas y con las prostitutas con que trabajaban".
El historiador alemán Karlheinz Deschner ya le había puesto picante al asunto en su libro Historia sexual del cristianismo, en el que narra que en 1231, durante el sínodo de Rúan (Francia), se prohibió a las monjas criar o educar niños en los conventos y se les obligó a dormir en camas separadas. "Así que, al final, algunas hermanas sólo pudieron disfrutar con el amor a los animales -añade el autor-. Muchas monjas, sobre todo en los conventos ingleses, criaban conejos, perros y monos; iban con ellos incluso a la iglesia, hasta que, finalmente, sólo se les permitió tener una gata".
Seres inanimados, como cirios y consoladores, también parecen haber tenido gran acogida en la intimidad de las religiosas, según el polémico historiador. En el siglo XIX, en un convento en Austria fue encontrado un tubo de 21,25 cm de largo y 4 de diámetro. Los extremos eran abombados, y la superficie estaba decorada con la silueta de una vagina y penes erectos. "Las esposas de Dios consiguieron disfrutar de tales productos del desarrollo tecnológico, sobre todo en las regiones civilizadas -anota Deschner-. No es gratuito que en Francia al pene artificial pensado para la autosatisfacción de la mujer se le llame ¡bijoux de religieuse! (joya de monja)". Y añade que tras la muerte de la célebre fabricante de consoladores y celestina francesa Marguerite Gourdan en 1783, fueron encontrados entre sus pertenencias cientos de pedidos de estos dispositivos procedentes de diversos conventos.
El orgasmo místico
El sentido común dice que estas historias, aunque posiblemente sazonadas, tienen un fuerte asidero en la realidad. Al fin y al cabo, las monjas son seres humanos antes que "esposas del Señor". Lo que sí torna polémico el asunto es la interpretación de los éxtasis místicos.
Los equívocos comienzan en el lenguaje. He aquí una perla de Santa Teresa, a propósito de su visión de un ángel: "Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba todas consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos; y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay que desear que se quite (...). No es dolor corporal, sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto".
Ante esta declaración, la psicoanalista Marie Bonaparte, amiga de Freud, recordó la confesión de una amiga suya que un día de su adolescencia, "arrodillada ante el altar, había experimentado tan sobrenaturales delicias, que había creído que Dios en persona descendía en ella". Sin embargo, cuando la amiga conoció varón, reconoció que aquello había sido un fuerte orgasmo. "La casta Teresa jamás tuvo la ocasión de comprobar esa similitud, que sin embargo parece imponerse también en el caso de su transverberación", escribió Bonaparte.
Morbo fácil
Es una interpretación llena de detractores. El neurólogo español Esteban García-Albea, autor del libro Teresa de Jesús: una ilustre epiléptica, plantea que, en realidad, la santa padecía convulsiones como consecuencia de una cisticercosis cerebral, enfermedad provocada por larvas que se alojan en el sistema nervioso. Las crisis resultaban placenteras, pero no por ello eran genitales. "Jamás hubo una referencia sexual en los éxtasis descritos -dice a CAMBIO García-Albea-. No son orgasmos, sino episodios de origen epiléptico provocados por la irritación del lóbulo temporal derecho. Creer que tienen un origen sexual es una interpretación simplona, sin respaldo científico".
En una línea similar se manifiesta el poeta y profesor de Literatura del Siglo de Oro Juan Felipe Robledo: "Es molesto ver cómo hacen énfasis en que Teresa era una histérica, como que su incapacidad de conducir su vida sexual la llevara a vivir una sexualidad maniática". Aunque Robledo admite que hay elementos de esta índole en las líneas de la santa -pues efectivamente "el arrobo místico es un fenómeno que incluye cuerpo y alma"- el error consiste en asumir que la sexualidad fue un asunto central. Es decir, eso aplana la lectura y reduce la figura de Santa Teresa. "Además de que leerla no es fácil, leerla de esa manera es simplista", puntualiza el profesor. “
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La fuente es la Revista Cambio http://www.cambio.com.co/sexocambio/770/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-4065934.html
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argentino agustin gomez dijo
El papa en EE.UU. se refiriò a los curas pedòfilos, por supuesto, no los
felicitò, sin comentarios, todo ha sido dicho.-
17 Abril 2008 | 03:31 PM