Amo a la juventud. Me gusta su impertinencia, rebeldía, desafueros. Para los jóvenes la muerte no existe, se creen eternos. La enfermedad es asunto de los viejos. La irresponsabilidad tiene leves efectos en sus vidas, al menos en durante esa etapa. Son perdonados por ser jóvenes.

La juventud rompe todos los paradigmas, son vueltos añicos, son pulverizados, para correr detrás de las utopías. Porque todo debe ser cambiado, transformado. El mundo debe acoplarse a sus concepciones, porque lo anterior a ellos, es caduco, añejo y por ende debe ser cambiado. A partir de esas “destrucciones” tratan de levantar un mundo nuevo, donde todos sean iguales y tolerantes.

Con el tiempo, una parte de ellos, serán conservadores, amarán lo que hoy odian, sin embargo, siempre existirán los “eternos jóvenes”, quienes proseguirán en la brega de cambiar el mundo y algunos lo transformarán.

No hay nada más doloroso, que ver a un joven abrazando ideas viejas y luchando por ellas, si esta clase de juventud la conforman la mayoría, el mundo se estancará y el futuro solo será una repetición del presente.