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DESDE MI CUEVA

Reflexiones y algo más

14 Julio 2008

Por qué detesto a la Madre Teresa de Calcuta


Si alguien creía que todo en la madre Teresa es digno de una santa, el escritor Martín Caparrós, después de visitar su tierra natal, se explaya en el lado malo de la mujer buena que el mundo creyó conocer.

Coloco al juicio de mis lectores, este artículo sobre la Madre Teresa de Calcuta, que encontré en la revista Soho (Edición colombiana), por ser un escrito polémico, sobre uno de los personajes más queridos del siglo XX.

Por qué detesto a la Madre Teresa de Calcuta

Por: MARTÍN CAPARRÓS

Algo me molestó desde el principio. Llegué al moritorio de la madre Teresa de Calcuta, en Calcuta, sin mayores prejuicios, dispuesto a ver cómo era eso, pero algo me molestó. Primero fue, supongo, un cartel que decía "Hoy me voy al cielo" y, al lado, en un pizarrón, las cifras del día: "Pacientes: hombres: 49, mujeres: 41. Ingresados: 4. Muertos: 2". En el pizarrón no existía el rubro "Egresos". En el moritorio de la madre Teresa, su primer emprendimiento, la base de todo su desarrollo posterior, no hay espacio para curaciones.

La señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu, también llamada Madre Teresa de Calcuta, consiguió en sus últimos veinticinco años una fama y un apoyo internacional extraordinarios. Le llovieron medallas, donaciones, premios, subvenciones, todo tipo de dinero para que ayudara a los pobres del mundo. La señorita Bojaxhiu nunca hizo públicas las cuentas de su orden pero se sabe, porque ella se jactó de eso muchas veces, que fundó, con ese dinero, alrededor de quinientos conventos en cien países. Pero no fundó una clínica en Calcuta.

Hay un par de ideas fuertes detrás de todo eso. Sobre todo, la idea de que la vida —ellos dirían "esta vida", como si hubiera muchas— es un camino hacia otra, mejor, más cerca del Señor: si no fuera así, a nadie se le ocurriría dedicarse a que esa gente muriera mejor y, quizás, en cambio, pensarían en mejorar sus vidas. Y la idea de que el sufrimiento de los pobres es un don de Dios: "Hay algo muy bello en ver a los pobres aceptar su suerte, sufrirla como la pasión de Jesucristo —dijo la madre Teresa—. El mundo gana con su sufrimiento".

Por eso, quizás, la religiosa les pedía a los afectados por el famoso desastre ecológico de la fábrica Union Carbide, en el Bhopal indio, que "olvidaran y perdonaran" en vez de reclamar indemnizaciones. Por eso, quizás, la religiosa fue a Haití en 1981 para recibir la Legión de Honor de manos de Baby Doc Duvalier —que le donó bastante plata— y explicar que el tirano "amaba a los pobres y era adorado por ellos". Por eso, quizás, la religiosa fue a Tirana a poner una corona de flores en el monumento de Enver Hoxha, el líder estalinista del país más represivo y pobre de Europa.

Pero quizá no fue por eso que salió a defender a Charles Keating. Keating era un buen amigo de los Reagan —que recibió a la religiosa más de una vez— y uno de los mayores estafadores de la historia financiera norteamericana: el fulano que se robó, por medio de una serie de maniobras bancarias, 252 millones de dólares de pequeños ahorristas. Keating le había donado a la religiosa 1.250.000 dólares y le solía prestar su avión privado. Cuando lo juzgaron, la religiosa mandó una carta pidiendo la clemencia del tribunal para "un hombre que ha hecho mucho por los pobres". Fue enternecedor. Pero cuando el fiscal le pidió que devolviera la plata que Keating le había dado —robada a los pequeños ahorristas—, la religiosa no se dignó contestar nada.

En el moritorio de Calcuta, la sala de los hombres tiene quince metros de largo por diez de ancho. Las paredes están pintadas de blanco y hay carteles con rezos, vírgenes en estantes, crucifijos y una foto de la señorita también llamada madre con el papa Wojtyla. "Hagamos que la iglesia esté presente en el mundo de hoy", dice la leyenda.

En la sala hay dos tarimas de material con mosaicos baratos, que ocupan los dos lados largos: sobre cada tarima, quince catres; en el suelo, entre ambas, otros veinte. Los catres tienen colchonetas celestes, de plástico celeste, y una almohada de tela azul oscuro; no tienen sábanas. Sobre cada catre, un cuerpo flaco espera que le llegue la muerte.

El moritorio de la madre Teresa está al lado del templo de Khali y sirve para morirse más tranquilo, dentro de lo que cabe. La madre Teresa lo fundó en 1951, cuando un comerciante musulmán le vendió el caserón por muy poco dinero porque la admiraba y dijo que tenía que devolverle a dios un poco de lo que dios le había dado. Desde entonces, los voluntarios recogen en la calle moribundos y los traen a los catres celestes, los limpian y los disponen para una muerte arregladita.

—Los de las tarimas están un poco mejor y puede que alguno se salve.

Me dice Mike, un inglés de 30 con colita, tipo bastante freakie, que se empeña en hablarme en mal francés.

—Los de abajo son los que no van a durar; cuanto más cerca de la puerta, peor están.

En la sala se oyen lamentos pero tampoco tantos. Un chico —quizás sea un chico, quizás tenga 13 ó 35— casi sin carne sobre los huesos y una bruta herida en la cabeza grita Babu, Babu. Richard, grande como dos roperos, rubio, media americana, maneras de cura párroco en Milwaukee, comprensivo pero severo, le da unos golpecitos en la espalda. Después le lleva un vaso de lata con agua a un viejo que está al lado de la puerta. El viejo está inmóvil y la cabeza le cuelga por detrás del catre. Richard se la acomoda y el viejo repta con esfuerzo para que le cuelgue otra vez.

—Este está muy mal. Entró ayer y lo llevamos al hospital pero no lo aceptaron.

—¿Por qué?

—Por dinero.

—¿Los hospitales no son públicos?

—En los hospitales públicos te dan cama para dentro de cuatro meses. No sirve para nada. Nosotros tenemos una cuota de camas en un hospital privado cristiano, pero ahora las tenemos todas ocupadas, así que cuando fuimos nos dijeron que no. Acá no estamos en América; acá hay gente que se muere porque no hay cómo atenderla.

Richard me cuenta sobre uno que entró hace un mes con una fractura en la pierna: no lo pudieron atender y se murió de la infección. Y está dispuesto a seguir con más casos. Parece que acá no es tan raro que alguien se muera antes de los últimos esfuerzos.

—No podemos curarlos. No somos médicos. Tenemos un médico que viene dos veces por semana, pero tampoco tenemos equipos ni ciertos remedios. Lo que hacemos es confortarlos, cuidarlos, darles afecto, ofrecerles que se mueran dignamente.

Hay algo que me suena raro en todo esto. Richard le acaricia la cabeza al que insiste en colgarla; más allá, Mike le sostiene la mano a uno con un vendaje que le atraviesa el pecho. Los acompañan: no tienen un idioma común así que no pueden hablarse, o quizás no ganarían nada con hablarse. Richard va a buscar una sábana para tapar al viejo de cabeza colgante. Hace solo 35 grados y el viejo tiene frío. En Chicago, Richard estudia Medicina, pero ahora dice que no sabe si va a poder volver a soportar aquello. Y dice que tampoco podría soportar esto todo el tiempo, pero que no soportaría ser doctor y no atender a estos tipos. A veces llega un punto en que soportar es muy difícil. Richard es un Clark Kent buenazo con mentón imponente y es muy católico, familia de irlandeses, y dice que dios le va a decir qué hacer.

—O sea que no hay ninguna posibilidad de que lo atienda un médico.

—No.

-¿Y entonces?

—Y entonces se va a morir hoy o mañana.

Richard lo dice como quien dice: llueve. O incluso: quizás llueva. Debe ser difícil pronunciarlo así.

La señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu, también llamada Madre Teresa de Calcuta, nunca se privó de dar sus opiniones. En Irlanda, por ejemplo, en 1995, un referéndum sobre el divorcio encendía pasiones. Irlanda era el último país de Europa sin divorcio, y los márgenes se anunciaban estrechos. Entonces la religiosa —que no tenía nada que ver con Irlanda— participó de la campaña pidiendo el voto en contra. Los divorcistas ganaron con el 50,3 por ciento. Pocos meses después, su nueva amiga, lady Diana Spencer, se divorció, y una periodista le preguntó qué opinaba. La señorita no tenía problemas: "Está bien que ese matrimonio se haya terminado, porque nadie era realmente feliz", dijo.

La señorita sabía aprovechar el halo de santidad que la rodeaba: los santos pueden decir lo que quieran, donde y cuando quieran. Todo está justificado por el halo. Y ella usaba esa bula para llevar adelante su campaña mayor: la lucha contra el aborto y la contracepción. Lo dijo muy claro en Estocolmo, 1979, mientras recibía el Premio Nobel de la Paz: "El aborto es la principal amenaza para la paz mundial". Y, para no dejar dudas: "La contracepción y el aborto son moralmente equivalentes".

En septiembre de 1996, el Congreso norteamericano le dio el título de ciudadana honoraria. Era la quinta persona en la historia que la conseguía. Dos años antes había organizado, en ese mismo recinto, una "plegaria nacional" ante Clinton, Gore y compañía. Ese día, su discurso fue belicoso: "Los pobres pueden no tener nada para comer, pueden no tener una casa donde vivir, pero igual pueden ser grandes personas cuando son espiritualmente ricos. Y el aborto, que sigue muchas veces a la contracepción, lleva a la gente a ser espiritualmente pobre, y esa es la peor pobreza, la más difícil de vencer", decía la religiosa, y cientos de congresistas, muchos de los cuales no estaban en contra de la contracepción y el aborto, la aplaudían embelesados. En su Calcuta, en la India, en muchos otros países, la superpoblación es causa principal del hambre y la miseria, y sus autoridades toman todo tipo de medidas para limitarla.

"Yo creo que el mayor destructor de la paz hoy en día es el aborto, porque es una guerra contra el niño, un asesinato del niño inocente. Y si aceptamos que una madre puede asesinar a su propio hijo, ¿cómo podemos decirles a otras gentes que no se maten entre ellos? Nosotros no podemos resolver todos los problemas del mundo, pero no le traigamos el peor problema de todos, que es destruir el amor. Y eso es lo que pasa cuando le decimos a la gente que practique la contracepción y el aborto".

Las jerarquías católicas lo dicen siempre, pero dicho por ella es mucho más eficaz. Aquella tarde, el cardenal James Hickley, arzobispo de Washington, lo explicó clarito: "Su grito de amor y su defensa de la vida nonata no son frases vacías, porque ella sirve a los que sufren, a los hambrientos y los sedientos...". Para eso, entre otras cosas, servía la religiosa. Por eso, entre otras cosas, su proceso de beatificación vaticana fue el más rápido de la historia de una institución que no suele apresurarse —que puede tardar, por ejemplo, cuatro siglos en pedir perdón por apretar a Galileo Galilei o asesinar a Giordano Bruno y tantos otros.

Así que ahora la señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu —lo que quede de ella— debe estar en el paraíso de los beatos, un poquito más abajo del paraíso de los santos, con apenas menos felicidad eterna y menos olor a incienso y mirra y menos intimidad con su Señor pero bastante, pese a todo. La señorita fue una militante muy eficaz de una causa muy antigua: la del conservadurismo católico. Y fue, en el mejor de los casos, una versión mediática y actual del viejo modelo de la dama de caridad: aquella que se dedica a moderar los males causados por un orden que nunca cuestiona o que, en realidad, refuerza. Gracias a esos medios, al aparato de difusión de Roma, la señorita quedó instituida como gran encarnación actual del viejo mito de la bondad absoluta.

Todos —los países, los grupos de amigos, los equipos de voleibol, los grupos de tareas— necesitan tener un Bueno: un modelo, un ser impoluto, alguien que les muestre que no todo está perdido todavía. Hay Buenos de muchas clases: puede ser un cura compasivo, un salvador de ballenas, un anciano ex cualquier cosa, un perro, un médico abnegado, un pederasta con buena verba en púlpito: en algo hay que creer. El Bueno es indispensable, una condición de la existencia. Y el mundo se las arregla para ir buscando Buenos, entronizarlos, exprimirlos todo lo posible. Así que, pese a que algunos intentamos contar un poco de su historia, nadie lo escucha: es mejor y más cómodo seguir pensando que la señorita era más buena que Lassie. La señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu, también llamada Teresa de Calcuta, consiguió ser la Buena Universal. Y consiguió, incluso, lo más difícil que puede conseguir una persona, un personaje: entrar en el lenguaje como síntesis o símbolo de algo. Decimos un Quijote cuando queremos hablar de un héroe destartaladamente franco; decimos un Craso cuando tratamos de definir a alguien riquísimo; decimos —desde hace unos años empezamos a decir— una madre Teresa cuando queremos significar que alguien es realmente bueno. Y así ha quedado registrada en nuestra cultura la señorita también llamada madre, amiga de tiranos y estafadores, militante de lo más reaccionario, facilitadora de la muerte.

servido por desde-mi-cueva 10 comentarios compártelo

10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

abril-ale

abril-ale dijo

Es un tema muy espinoso, controversial por la figura de la persona a la que se hace mención y como siempre invita a la polémica.

He de decir que en muchísimas cosas estoy de acuerdo con el autor del artículo de arriba. En lo que si no estoy de acuerdo en usar la palabra "detestarr" en todo caso siempre habrá quienes nos juzguen, algunos con el silencio y otros con la palabra.

Un abrazo en una tarde gris de lluvia.

14 Julio 2008 | 11:38 PM

argentino agustin gomez

argentino agustin gomez dijo

Salvo "la voluntd" su biografìa de montonero arrepentido, leì todo lo que
escribiò, tambièn deja mucho que desear, aunque se haga el sincero y/o
enojado, en su libro "el interior" plagia chistes muy burdos, una historia de
la pobreza Argentina en su norte geogràfico, lo importante no son las
compañìas, sino las obras, y como la de ella no hay ninguna, no tiene
parangòn, para criticar su conducta hay que remplazarla por otra, mucha
lata y pocas nueces, un abrazo, atte.-

15 Julio 2008 | 05:01 PM

domovilu

domovilu dijo

Podría salirme con una de esas frases lapidarias de las cuales solo yo sé de dónde las saco... Pero como no quiero que me "moderen", mejor me modero solita. Además que tu texto ya dice prácticamente todo lo que hay que decir.....
:-)

15 Julio 2008 | 05:47 PM

desde-mi-cueva

desde-mi-cueva dijo

Ale, como se dice en la introducción del artículo, es controversial. Invita a pensar desde un ángulo diferente. El unanimismo, desde mi punto de vista, es pernicioso, siempre es bueno tener voces discordantes.

Un gran pero grandísimo abrazo.

15 Julio 2008 | 06:56 PM

desde-mi-cueva

desde-mi-cueva dijo

Agustín, siempre las figuras sobresalientes son atacadas, pero también enzalzadas. De esto no se salva Teresa de Calcuta.

Un abrazo
.

15 Julio 2008 | 06:58 PM

desde-mi-cueva

desde-mi-cueva dijo

Domovilu, este es un espacio donde es posible emitir cualquier tipo de opinión, aquí nadie, como dice se modera. Puedes consiganar tu pensamiento, y siempre será respetada su posición.

Este blog es una tribuna abierta, a nadie, absolutamente a nadie se censura.

Un inmenso abrazo, sin censura.

15 Julio 2008 | 07:02 PM

domovilu

domovilu dijo

Jé, jé.........
Es que solo quería expresar mi falta de confianza en la famosa "caridad Xtiana"... Pero eso puede sonar ofensivo para alguna gente que se sentiría agredida gratuitamente...
En fin: me sigo reservando mi "frase lapidaria", aunque por lo menos no te dejo con la intriga de cual sería su sentido.
:-)

15 Julio 2008 | 07:11 PM

ramrockmanchesterunited

ramrockmanchesterunited dijo

Yo me apunto a las posiciones del artículo.

15 Julio 2008 | 07:18 PM

anita-de-albarracin

anita-de-albarracin dijo

mmmmmm! bigotes enrulados haciendo polemicas declaraciones... tal vez deberia bregar por el impuesto Tobin: sin dinero no hay atencion medica... tambien critica a Sai Baba... el del Punto cero (que hace hospitales).
me gustaria que escribiera sobre su manzana ahora que vi por que no lo hacia... tenia un cementerio parque en vez de un jardin botanico frente a sus narices.... dificil... dificil escribir sobre eso.. decia.... mejor destinos mas exoticos...!!!

16 Julio 2008 | 02:41 PM

salud-y-republica

salud-y-republica dijo

Quizá la madre Teresa de Calcuta aplicó aquella sentencia de "ámame cuando menos lo merezca porque es cuando más lo necesito".

Es muy fácil amar al "bueno"...al "malo" quien se atreve?

Por otra parte, a los más desposeidos debemos reconocerles aunque sea el derecho a morir dignamente...creo que es lo menos a lo que puede aspirar un ser humano (y más aún áquel que ha carecido de casi todo): un colchón limpio, un acompañamiento en el momento de irse...un vaso de agua oportuno, una sábana para menguar su frío...quizá una asistencia médica y muy seguramente una espiritual.

Este articulo me parece, más que polémico, muy ácido.
"Palo porque bogas, palo porque no bogas". Si se hace algo, malo. Si no se hace , también.

Qué considerará el sr Caparrós que es ser "bueno", generoso, solidario, desprendido?

Soy colombiana, leo la revista Soho y me gusta pero tambien se que se les paga a los columnistas para escribir artículos incendiarios que mejoren las ventas de la revista.

El artículo en mención merece una revisión histórica para decidir si está bien fundado. Y no es porque se trate de la Madre Teresa de Calcuta precisamente.

En lo que estoy muy de acuerdo con el autor, es en que los humanos necesitamos un modelo de ser bueno, que nos sirva de referencia para exorcizar nuestro lado oscuro, "alguien que nos muestre que no todo está perdido todavía"...pero éso no dice nada en contra de la Madre Teresa de Calcuta sino a favor de la humanidad, me parece a mí.

La Iglesia se merece todas las críticas que le caigan encima pero me pregunto: si la Madre Teresa de Calcuta no nos parece un ser humano "bueno" por sus acciones en favor de los más desposeidos, entonces que es ser "bueno" y quien lo es?

Tan mal estamos los humanos? Tan faltos de congéneres bondadosos y compasivos?

Me parece desconsolador que en el afán de polemizar se hagan análisis ácidos donde se desconocen las buenas acciones de seres que quieren aliviar de alguna manera las desgracias y las desventuras de quienes han sido menos afortunados que otros.

Un saludo

Madame Rosa

18 Julio 2008 | 03:50 PM

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