LOS HOMBRES LAS PREFIEREN BRUTAS
Uno de los temas más discutidos en todos los espacios, por hombres y mujeres, es como prefieren los hombres a las mujeres, por mucho tiempo, era normal escuchar que las más apetecidas eran las rubias, sin embargo las morenas no se quedaban atrás. Eran opiniones encontradas y cada persona tenía sus argumentos para sustentar su posición y como era de esperarse nunca llegaban a un acuerdo.
A continuación consigno un escrito de Isabella Santo Domingo una de las controversiales artistas Colombianas, desde plasma sus ideas sobre la mujer:
“LOS HOMBRES LAS PREFIEREN BRUTAS Isabella Santo Domingo Publicar mi libro Los caballeros las prefieren brutas ha sido posiblemente una de las aventuras más aterradoras y a la vez emocionantes de mi vida. Desnudar también mis pensamientos, lo que siento y opino sobre temas como la liberación femenina, el sexo, los orgasmos fingidos, el uso y el abuso de los vibradores y la tal "batalla de los sexos", fue algo así como traspasar la última frontera. ……
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Era 1999 y yo terminaba las grabaciones de Perro amor, una telenovela que me gustó mucho hacer porque me dio la oportunidad de comprobar que la inteligencia es indiscutiblemente sexy pero también que por alguna poderosa razón que aún intentamos descifrar, era sinónimo de soledad. Mi personaje, Camila Brando, al final y por muy sagaz, por muy deseada, como pasa con todas las mujeres inteligentes perdía la partida y al hombre que se disputaba con una pueblerina sin gracia y sin muchos sesos. Entendí, desde aquel entonces, que la mujer independiente, la estratega a la que interpretaba, era la villana con la que el Príncipe Azul no se podía quedar, pues era una verdadera amenaza social. ¿Como en la vida real? ¿O como en las telenovelas, la mujer inteligente es siempre la mala? ¿Será entonces que a pesar de todo lo que hemos logrado gracias al feminismo, nos hemos convertido en las brujas de la historia porque ese es precisamente el prototipo de mujer de la que los hombres tienden a huir.
Según una encuesta realizada en el mes pasado en el Reino Unido, las mujeres inteligentes se casan menos. ¿Por qué? ¿Porque tienen menos tiempo y por ende menos oportunidades de encontrar pareja? ¿O porque tienden a dilatar el tema del compromiso por no perder su preciada libertad? Por falta de interés, por cobardía, o tal vez porque al asumir erróneamente el feminismo con cierto aire revanchista nos hemos vuelto literalmente insoportables? Sea como sea, las mujeres modernas ya no se casan tan fácilmente como antes.
Y no es que nos hayamos conformado con nuestras vidas llenas de logros laborales pero vacías en el aspecto sentimental. Es que hemos perdido la humildad. Hemos perdido la habilidad de bajar la guardia y admitir que al final del día seguimos necesitándolos. Sí, porque una pareja bien administrada no sólo sirve para competir sino también para compartir. Para conversar, hacernos el amor, abrigarnos cuando sentimos frío, apoyarnos cuando estamos tristes, para reír, para llorar, para irnos a dormir juntos, abrazados.
Y sobre todo, sirve para lo más importante: hacernos sentir protegidas. Esto lo aprendí un poco tarde, cuando a varios buenos prospectos ya los había desechado por detalles ínfimos: no es muy gracioso, o por el contrario, es demasiado payaso, no gana tanto como yo, no viaja tanto como yo, no tenemos los mismos amigos, no piensa como yo. ¿Excusas cobardes? ¿Un pánico incontrolable al fracaso? ¿Soberbia, tal vez? Pero ahora que lo pienso mejor: ¿ser como yo?, ¿y eso qué gracia tiene? ¿Trabajar todo el día, desayunar por ventanilla en el Mac Donald's más cercano porque nunca tengo tiempo para hacerlo en casa? ¿Vestirme en el ascensor porque siempre voy tarde para atender algún compromiso laboral? ¿Maquillarme dentro del vehículo cuidándome de no quedar estampillada con todo y carro contra un poste, de camino al trabajo.
Fue entonces cuando entendí que el ama de casa es aquel ser privilegiado, tan subvalorado por nosotras las prepotentes mujeres modernas, que se da el lujo de desayunar y quedar desocupada. Esa que aún puede tener hijos y verlos crecer sin afanes. Esa que antes que nada se siente mujer y que aún goza de la habilidad de disfrutar lo mucho o lo poco. La que no se complica la vida haciendo la fila en el banco para pagar los servicios. La que no tiene idea de qué significan siglas como Codensa, Emsirva o E.P.M. pero que domina a la perfección otros, decididamente más atractivos en términos femeninos, como Gucci, Prada, DKNY... La que decimos que no queremos ser pero que en el fondo envidiamos por haber logrado lo que nosotras, con todo y nuestros triunfos, no conseguimos: estabilidad emocional.
ESPERE











abril-ale dijo
Opinare a titulo personal:
Hasta el momento me ubico entre las mujeres que no queremos perder la libertad, pero obviamente tengo 21 años, tiempo de estudiar, de prepararme, de crecer como ser humano, de adquirir poco a poco responsabilidades, pero deseo llegar a tener mi familia, mi pareja, sentir que alguien me abrace en esas noches frías y yo hacerlo mismo, alguien con quien compartir, con quien compartir mis días bueno y los malos. Escuchar que me llamen mamá, sentirme madre, dar lo mejor de mí como madre, creo que negarme eso sería negarme a vivir plenamente, pero hay tiempo aún. Tampoco me veo dentro de unos años con rollos en la cabeza y pegada a la cocina, no. Pienso que parte de la inteligencia de la mujer es saber jugar ese doble rol, el de mujer exitosa en su profesión y el de madre y esposa.
Ya veré que me tiene deparado el futuro, por el momento es lo que pienso y hago.
Por otro lado me considero una chica normal, ni "calabaza" ni inteligentísima, una chica con sueños, aspiraciones, metas a alcanzar y con mucha sensibilidad, eso sí.
Un besito.
2 Septiembre 2008 | 10:58 PM